CHEESECAKE VEGANA DE CEREZAS (sin gluten, sin leche, sin azúcar añadido, sin huevo y sin levadura)


Tenía muchísimas ganas de hacer una tarta de queso pero sin queso claro y aprovechando que Mr. Flanero tiene la costumbre de cumplir años todos los años jaja y que tampoco puede tomar leche pues me decidí a experimentar y le hice esta tarta para su cumple. Y gustó tanto en casa que no me dejaron ni ponerle velitas ni nada, así que este año se quedó sin pedir deseo jajaja.

Esta tarta la ví en la misma web dónde ví las galletas de arándanos que publiqué en el post anterior en quitegoodfood la verdad es que tienen unas recetas interesantes.

Originalmente la tarta era de frambuesa, lima y coco. Mi intención inicial era hacerla de frambuesas, peeero una de las miniflaneras y yo tenemos debilidad por ellas y antes de hacer la tarta ya nos las habíamos zampado, así que como casi todo tiene solución, recurrí al plan B: unas cerezas congeladas que tenía guardadas para hacer un helado.

Esta receta tiene tres partes y aunque a priori parece complicada, no lo es en absoluto. Es sólo mezclar ingredientes y listo.

Os advierto que además de las frambuesas cambié algunos ingredientes de la base que no tenía por otros que tenía a mano.

La primera parte es la base, para lo que vamos a necesitar 1 taza de semillas de girasol, 1/2 taza de coco rallado, 1/2 taza de cacao en polvo, 1/4 taza de amaranto hinchado (también vale quinoa hinchada u otra cosa que le de un toque crujiente), 1/4 taza de aceite de coco derretido (si la hacéis en verano con que esté a temperatura ambiente es suficiente), 1 cda. de semillas de chía y 1 cda. de semillas de sésamo.

La segunda parte es el relleno para el que utilizaremos 1 lata de leche de coco, 2 tazas de cerezas congeladas, extracto de vainilla al gusto, edulcorante líquido al gusto, 2 gr. de agar-agar (si no tenéis agar-agar podéis utilizar 1 sobre de gelatina neutra pero entonces la tarta dejará de ser vegana) y 2 cdas. de aceite de coco.

Y la tercera y última parte es la cobertura que haremos con dos cucharadas de mermelada sin azúcar de frutos rojos, 1 chorrito de agua y 1 cdita. de agar-agar.

Os advierto que en esta receta le vamos a dar bastante caña a la procesadora de alimentos.

Vamos a coger todos los ingredientes de la base y los vamos a triturar en ella. Primero a golpecitos para no cargarnos el motor y luego ya le damos marcha. Trituraremos todo hasta conseguir una pasta arenosa.

Después vertemos esta pasta en un molde desmoldable de unos 22 cm. de diámetro y o bien con los dedos o bien con la ayuda de un vaso vamos presionando hasta que nos quede una base lisa.

Metemos al congelador una media hora para que se endurezca y de mientras hacemos el relleno.

Lavamos la procesadora de alimentos y vertemos en ella la leche y el aceite de coco, las cerezas congeladas y el edulcorante hasta conseguir una mezcla lisa y suave.

Cuando lo tengamos echamos la mezcla en un cazo y agregamos el agar-agar en polvo.

Dejamos hervir sin dejar de remover y cocemos a fuego lento durante unos minutos hasta que la mezcla espese. Sé que soy pesada pero es importante que no dejéis de remover en ningún momento porque si no u os saldrán grumos o se os pegará.

Cuando ya tengamos la textura deseada la dejamos enfriar unos minutos.

Sacamos la base del congelador y vertemos el relleno sobre ella. Metemos en la nevera hasta que se solidifique por completo.

Unas dos o tres horas bastarán.

Una vez pasado este tiempo, hacemos la cobertura. Ponemos en un cazo la mermelada y el agua junto con el agar-agar. Mezclamos y disolvemos bien para que no haya grumos y cuando haya espesado un poco lo vertemos sobre la tarta.

Dejamos enfriar un rato y regresamos de nuevo la tarta a la nevera para que solidifique la cobertura.

Os quedará una cobertura brillante muy bonita.

Lo ideal de esta tarta es hacerla de un día para otro porque cuando más fría esté tendrá una mejor textura y un sabor más intenso.

El sabor es delicioso y no tiene absolutamente nada que envidiar a una cheesecake hecha con lácteos. Es un postre magnífico para terminar cualquier comida e ideal en verano porque es muy fresquita y ligera.

On egin.

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